Subí a un juego mecánico, ¿en qué estaría pensando?

La insistente petición de mi hermana, desde tempranas horas de la mañana, en el bus, en la fila para pagar la entrada y a la hora de la merienda, me hizo dar el brazo a torcer. Esa tarde, accedí a montarme en uno de esos juegos mecánicos, ¡y el peor de todos! La Torre.

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