Me contrataron para fotografiar a la Reina de Inglaterra

Anoche soñé que me habían contratado para hacer las fotografías de la Reina Isabel Segunda de inglaterra.

Las fotografías las haríamos aquí en Costa Rica, pero no todo salió como lo esperaba. Ella vino con una prima, de alguna descendencia cercana, Lady Katharine, una mujer alta, larga, blanca como la leche y de pelo negro como la noche y unos ojos encantadores de color avellana. Lady Kathe usaba silla de ruedas y desde el primer momento que me vió empezó a contarme lo mucho que le gustaba la fotografía. Yo le dije que todo está en la práctica, pero siguió hablando y contándome experiencias, así que me ocupe de escuchar con atención su vocecilla chillona.

Resulta que Doña Isabel quiso hacer las fotografías en la Biblioteca Nacional, pero nos encontramos con dos grandes inconvenientes; primero, la biblioteca no tenía rampa para silla de ruedas, ¡increíblemente!. Así que la Reina Isabel me hizo un “gesto real”, para que yo subiera a Lady Kate con todo y silla por las interminables escaleras de la biblioteca. Mientras tanto Kathe me contaba acerca de la colección de cámaras que tenía su padre y lo mucho que le gustaba a ella fotografiar las hojas en otoño. Logré llegar arriba con Kathe aún en la silla y mi maleta de luces. Debo reconocer que las historias de Lady Kathe eran muy interesantes, pero su voz ya me empezaba a aturdir.

Con otro gesto, de “Real enojo”, la Reina me ordenó que la ayudara a subir. Así que bajé rápidamente las gradas y haciendo una reverencia, acompañé a Isabel segunda en su lento recorrido hacia las puertas de la Biblioteca Nacional, escuchando las interminables historias de Lady Kate y sus fotos de gatos jugando en las hojas de otoño.

Cuando llegamos arriba, nos encontramos con el otro impedimento para hacer las fotografías en la Biblioteca Nacional, porque ya no era una biblioteca sino una Iglesia Evangélica. Asombrado sin poder creerlo, agotado de subir tantas veces las kilométricas gradas de la biblioteca y mareado de escuchar la vocecilla chillona de Lady Kate que no paraba de presumir sus fotografías en tardes de té con gatos y hojas de otoño. Le pregunté al encargado si era posible encontrar un espacio, que pareciera biblioteca, para hacer las fotografías con su Majestad. Me dijo que no, que ya casi comenzaba el culto y de seguro harían un poco de ruido. ¡Avemaría purísima!

La reina me miró con “real desaprobación” y me preguntó, en un inglés muy shakespeareano por cierto, si habría algún impedimento en que hiciéramos las fotografías reales, en la humilde biblioteca en el Palacio de Buckingham, yo no me hice de rogar por supuesto.

Así que me vi en un vuelo de once horas, al lado de la reina Isabel segunda y escuchando a Lady Katharine contar historias, de sus fotografías bucólicas de atardeceres en el bosque, tomando un té junto a su gato sobre las hojas de otoño, con su vocecilla chillona taladrando mis oídos. Y en ese momento desperté en medio de un silencio profundo, ¡qué alivio, todo fue un sueño!

Como dice mi amigo Residente:

“Aunque no queramos, aguantamos nuevas leyes. Aguantamos, hoy por hoy, que todavía existan reyes.”

Residente

©️ 2019, Jorge Madrigal