Misterioso hallazgo en Zetillal.

Como de costumbre, nos reunimos en la esquina del barrio esa noche, para hablar un rato y vacilar, lo que nadie se imaginaba fue que esa noche sería memorable.

Por alguna razón misteriosa encontramos en la esquina, frente a la licorera, un carro chocado contra el muro de una casa; con los focos rotos, el parabrisas reventado, vidrios esparcidos por la acera, la puerta abierta y la ausencia sepulcral del conductor. 

La persona que cometió semejante estupidez no estaba, había abandonado la “escena del crimen”, no solo dejando abierta la puerta del Tercel blanco, sino además dejando listo el escenario para un grupo de amigos que no teníamos mayor diversión que reunirnos en esa esquina. 

¿Qué podíamos hacer nosotros, en una situación como esta? En una época donde no existían los celulares, ni el Netflix, ni los grupos de WhatsApp, era apenas 1991, no existía internet. De alguna manera teníamos que divertir nuestras interminables horas en la esquina.

Sin pensarlo mucho, Edson trajo una tiza y “Chichi” sirvió de modelo mientras se dibujó la figura humana de las escenas del crimen, “Machillo” trajo una cinta amarilla de “NO PASAR”, que guardaba en su casa y como si fuera poco, Pablo  trajo una sábana blanca, para ponerla encima de “Tuco” que se tiró a la calle cual cadáver fresco.

Por la posición del carro, incrustado en el muro, los buses tenían que pasar muy despacio y las persona que viajaban asomaban la cabeza por la ventana, tratando de ver lo que el morbo les exigía. 

Escuchamos hipótesis de todo tipo, “que el carro era robado”, “que venía borracho”, “que se lo llevó la ambulancia”, ninguna era cierta, simplemente no había ningún responsable.

Era muy divertido ver cómo la gente se acercaba a aquella escena, la cantidad de personas que se reunió esa noche en la esquina no se ha visto ni el 31 de diciembre en el barrio.

Hubo personas que incluso se apeaba del bus para asistir a esta escena misteriosa en un barrio sin mayor emociones. Y siempre la sorpresa era la misma: “Tuco” se quitaba la sábana de encima cuando se estaban acercando.  

Esa noche fué una comedia divertida, disfrutamos mucho ver como se acercaban personas de otro barrio a preguntar qué pasaba. En un barrio donde solo existía la licorera y la pulpería de “La Macha”, o el restaurante del chino “Pingüé”. Encontrar un carro chocado en el muro de una casa, más que una tragedia, se convirtió en un rato de inocente diversión.

Fue una noche en 1991, en otra época; cuando estas escenas no se pensaban reales en Costa Rica.

© Junio 2019, Jorge Madrigal

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