Pandora en el Congo, una novela de Negros, literarios.

Aquello que dice, nunca juzgues un libro por su portada, se cumple fielmente con “Pandora en el Congo“. Una portada que no le hace ningún mérito a esta novela de Albert Sánchez Piñol porque realmente es una novela que lo tiene todo; fantasía, aventura, comedia, romance y un final inesperado, ¿o varios finales? No, ya recuerdo, son varias historias con un mismo final. Sin duda, Sánchez Piñol es uno de los autores contemporáneos con altas dosis de calidad en su escritura, que no deberíamos pasar de largo con una portada de este tipo.

Este libro llegó a mis manos como regalo de alguna feria de libros, lo guardé en mi biblioteca durante años hasta que me decidí por leerlo, no lo había hecho antes por la portada que tiene, es que de verdad no atrapa para nada, pero la noche que leí sus primeras páginas, terminé dejándolo en la mesa de noche por la número cincuenta y al día siguiente leí mucho más, devorándolo en una semana.

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La novela está contada con un estilo único y muy amigable, es como sentarse en una mesa entre amigos para contar historias, así es como la narrativa elocuente de Thomas Thomsom, el protagonista de la novela, me logró transportar hasta la Londres del 1914, antes de la Gran Guerra (La Primera Guerra Mundial), para relatarme la manera en que escribió este libro, por encargo de un bogado, como parte de la declaración de un acusado a pena de muerte.

Empieza contando que por esos años había aceptado un trabajo de “negro literario”, es decir, escribir novelas por pedido para que se vendan bajo el nombre de un autor muy reconocido. Una práctica muy utilizada desde siempre, incluso ahora.

Quizá, la mejor manera de empezar contando la historia que relata este libro, sea en el momento del funeral de Spencer, un “Negro literario” que fue contratado por el Negro literario del Dr. Luther Flag. Spencer contrató a Frank y, a su vez, Frank contrató a Thomas Thomsom cuando tenía 19 años, como Negro literario, para que escribiera varias novelas cortas por semana, de bajo presupuesto y poco contenido, ambientadas en la selva africana y colmada de aventuras entre pigmeos, leones e Ingleses que van de expedición, en ochenta páginas exactas por requerimiento de la imprenta, las cuales serían firmadas como autoría del propio Dr Luther Flag quien gozaba, en ese momento además de su fama, de un engranaje que lo engrasaba con la contratación de escritores insipientes y sin trayectoria para que redactaran las novelas baratas bajo un guion literario que él suministraba, todo esto para lograr publicar tres novelas por semana. Una cantidad ingente de novelas para un solo autor, sin embargo, se vendían como pan caliente.

Thomas Thomsom llega al funeral de Spencer en busca del eslabón más cercano al Dr. Flag ya que su amigo y contratante Frank ha muerto y en su lecho de muerte se entera que Frank había sido subcontratado por espencer, de modo que procura su dirección para ponerse a las órdenes de la cadena de escritores por encargo, sin embargo, se encuentra con la noticia de que Spencer también ha muerto. Por lo tanto, se encuentra en una situación en la que no ve más forma de salir que asistiendo al funeral y buscar ahí algún eslabón que lo acerque al Dr. Flag para continuar con su carrera literaria.

En el funeral de Spencer se entera que murió en un accidente, un trágico accidente donde el tranvía lo partió en dos partes junto a la persona que le entregaba los guiones literarios, de modo que Thomas queda en una zona muerta. No tiene dónde dirigirse porque ya la cadena se rompió en dos partes, en cuatro partes para ser más exactos.

Decide regresar a su casa, triste ante la noticia de que sus aspiraciones de ser un gran escritor se le ha ido de las manos. En el camino de regreso se topa con otro funeral donde escucha las palabras “tranvía” y “accidente” de modo que se acerca al funeral y, como un regalo de los dioses africanos de las novelas que escribía, se encuentra con el mismísimo Dr. Luther Flag de figura presente, pelo blanco y abundante barba, apoyado en su bastón, asistiendo al funeral de su “Negro literario”.  Thomas se acerca y le habla de la cadena literaria a la que él pertenece y el Dr Flag niega rotundamente semejante insinuación alegando que él es el único autor de sus novelas. Luego de una cómica discusión y una absurda batalla con el bastón del doctor, Thomsom pierde la última oportunidad para continuar con su naciente carrera como escritor junto al afamado Dr. Luther Flag. No queda otro movimiento en aquella ópera bufa más que hacer mutis por el foro y alejarse de la escena.

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En su camino de regreso, una de las personas que presenciaron el espectáculo lo alcanza y le ofrece llevarlo en automóvil a cualquier lugar, en el camino se entera que es un abogado, de modo que Thomsom le cuenta la relación laboral que tenía con Frank en la cadena de negros literarios que tenía el Dr. Luther Flag. El abogado, Edward Norton (así se llama el personaje, como el actor) le dice que podrían hacer un buen equipo juntos. Norton le encarga a Thomas visitar a su cliente Marcus Garvey que se encuentra en la cárcel esperando juicio, acusado de matar a los hermanos Craver.

Pero como sucede en esos casos, donde la clase social más alta disminuye a la más baja, por el hecho de ser hijos del Duque de Craver, de las dos versiones de los hechos que se han contado, solo se ha querido escuchar la del Embajador Inglés en el Congo. Sin embargo, la versión de Marcus Garvey es una historia que supera el entendimiento humano, una historia que nos hacen dudar de todo. Y, justamente, es por eso que Norton contrata a Thomas Thomsom para que escriba la declaración de Marcus Garvey como una novela que pueda ser leída por la clase social más baja.

Thomas visita a Marcus Garvey, recurrentemente durante dos años, una vez a la semana por una hora y escucha la historia más fascinante jamás contada antes. La historia de un mundo nuevo que encontró en la expedición de los hermanos Craver, bajo la selva del Congo y el incondicional amor entre Amgam y Marcus, una mujer blanca como la leche, alta y elegante, con una mirada inocente y penetrante, que provenía de los habitantes de las cavernas, la ciudad bajo el suelo del Congo. Conoce, también, la forma en que los “Tecton” (habitantes de la ciudad bajo tierra), regresan una vez sí y otra también para rescatar a Amgam quien ha sido raptada por los hermanos Craver, William y Richard, quienes no pretenden dar su mano a torcer y mantener a Amgam como un trofeo al descubrir una nueva civilización en lo más profundo de la selva africana.

Entre Marcus y Amgam nace una complicidad que los hace confiar el uno en el otro para ayudarse mutuamente para poder liberarse de la opresión de los hermanos Craver. Ella logra escapar ayudada por Marcus y vuelve a la ciudad Tecton, bajo tierra, sin antes jurarse amor eterno.

Una vez que los Tecton se enteran que Amgam ha vuelto, regresan para cobrar venganza y arrasar con todo el campamento de la expedición de los hermanos Craver, Toman rehenes a William, Richard y Marcus llevándolos hacia la tierra Tecton, en un recorrido en espiral hacia las profundidades de la tierra. En el recorrido ellos encuentran un panorama bucólico, inmensurable, inigualable a lo que ojos humanos hayan visto jamás.

Sin embargo, en este recorrido hacia su propia ejecución se confabulan para lograr escapar y regresar a la superficie, pero una vez que logran escapar de sus raptores, vuelve a hervir la rabia que los ciega y no logran alcanzar la superficie juntos, mientras el ejército Tecton les sigue sus pasos.

En la superficie Marcus espera paciente a que los hermanos Carvey salgan, pero nunca sucede, solamente sale a la superficie Amgam, como un regalo celestial, un premio a la perseverancia. Marcus y Amgam empiezan su vida juntos de regreso a Londres.

De una forma paralela, Thomas Thomsom nos va relatando la historia que le comparte Marcus Garvey a la vez que cuenta su propia vida, en la pensión de la señora Pinkerton, sus incansables peleas con María Antonieta, la tortuga sin caparazón y el señor MacMahon. Además, el tiempo que pasó en la guerra y de cómo el relato de Marcus lo va consumiendo a tal punto que él mismo empieza a amar a este ser de otro mundo, Amgam, al escribir el libro de Marcus lo hace con la firme convicción de que la llegará a conocer un día en la vida real.

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Y justamente, al final del relato, durante el juicio de Marcus, Thomas se encuentra en un par de ocasiones con una mujer, sumamente alta y elegante, que se cubría la cara con un pañuelo que solo dejaba ver aquellos ojos penetrantes, la cabeza con un sombrero, guantes y medias negras, quien evade su mirada y se escabulle para no ser descubierta. De modo que, en su fantasía, imaginó que esta mujer era Amgam, por quién él haría cualquier cosa para estar a su lado.

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Norton publica el libro y este tiene tal éxito que logra crear una empatía en la opinión pública que hace movilizar marchas pidiendo un juicio justo para Marcus Garvey quien logra salir libre y Norton, se garantiza su prestigio como abogado.

Thomas Thomsom no vio el libro finalizado hasta su segunda edición y hasta ese momento cae en cuenta de que Norton lo ha usado como un Negro Literario para escribir su propio éxito en ventas. Firmado por Eduard Norton.

Cuando Thomas, borracho y sucio, hecho una desgracia por la depresión, confrontó a Norton en su despacho, para pedirle una explicación, este se la dio con toda la claridad del caso, juntando las manos en forma de traiangulo, desde su escritorio de caoba pulido y al lado de la misma mujer que Thomas vio en el juicio, elegante de medias negras y guantes, cubierta con un sombrero y aquellos ojos penetrantes. La misma mujer que Thomsom había idealizado como Amgam y de quién se enamoró durante el relato.

Thomas Thomson era un hilo más, en la telaraña de un abogado brillante.

© 2017, Jorge Madrigal.


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