Chris Kyle, El Francotirador. ¿Héroe o víctima?

No recuerdo exactamente cuándo lo empecé a leer, pero si recuerdo que lo hice a un lado por la página cien. No me capturó en ningún momento, lo consideré una mala lectura y lo condené al olvido eterno, sin embargo, no pude quitarme de la conciencia el peso de dejar un libro botado, sin terminar de leer. Creo que esa fue la razón por la cual conjuré su lectura, y créanme, no lo pienso leer nunca más. Una vez leí en la revista Selecciones que, si un libro no soporta dos leidas, no merece una.

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El francotirador, es uno de esos libros que no se merecen una segunda lectura. Claro, lo dice una persona como yo que tuve el privilegio de crecer en un país sin ejército, y que no tengo los genes de la guerra en mis venas, y también porque el libro está escrito para un público con conocimiento de armamento y una inclinación bélica muy pronunciada. Lo cual resultó en una lectura sumamente aburrida y densa para mí. Es una autobiografía escrita por un militar, que no tiene experiencia en la prosa y es notable la mala asesoría editorial que obtuvo. El libro termina siendo una especie de catálogo de tácticas y armamento.
Sin embargo, abre la posibilidad de debatir el tema de la guerra, aunque mi posición sea completamente en contra y huérfano de conocimiento militar, mi ensayo trata de interpretar los razonamientos que mueven a un ser humano a elegir el ejército como posibilidad de defensa, jugándose la carta más valiosa del mazo, su propia vida.

 

Chris Kyle, el autor de este libro, deja claro desde el comienzo el concepto de mercantilismo en el servicio militar en respuesta a la supremacía norteamericana como la “policía” global que cuida sus propios intereses, sin importar, el alto precio humano que esto conlleva.

Relata las batallas de Faluya en Irak con la premisa de que por cada insurgente muerto se salvanban varios estadounidenses. El concepto de persona no existe para con los iraquís, según al autor, son solamente objetivos que se deben abatir.
El autor cuenta como ingresó al ejército para entrenarse con las fuerzas de operaciones especiales y convertirse en un SEAL, que es un acrónimo de las palabras inglesas de “SEa”, “Air” y “Land” (Mar, Aire y Tierra), es decir que son militares capacitados para operar en el mar, el aire o la tierra. Bueno, solo escribir este párrafo me resultó muy técnico, ahora imagínese esta misma densidad durante 454 páginas.

Cuenta los tipos de entrenamiento que hizo y cómo llegó a convertirse en un SEAL y sus 4 incursiones en misiones militares en Irak durante los años siguientes al tristemente célebre 11 de septiembre. Llegando a ser considerado como el francotirador más letal de todos los tiempos en el ejército estadounidense.
La guerra siempre se ha vendido como una cosa buena, siempre maquillado como defensa del territorio, lo que pasa es que, para poder vender la idea de una defensa militar válida, se debe poner al “malo” como el más malo de todos, como un ser despreciable para que la otra parte parezca buena, pero nunca se acepta el hecho de que toda vez que se empuña un arma contra otro humano, se es malo. Ya sea por defensa de los intereses de ejército de los Estados Unidos, o por la Yihad, o por la guerrilla de insurgentes. En la guerra solo hay malos y perdedores. Aunque se venda la idea de que los soldados del Medio Oriente son terroristas y los soldados del ejército gringo son héroes.
Me hace pensar en el libro de Margaret Mitchell, Lo que el viento se llevó, cuando todos asisten a la barbacoa y hablan de las maravillas de enlistarse en el Ejército Confederado y lo bonito del uniforme y toda aquella alegría por que los jóvenes van a la guerra de secesión. Pero la realidad de esta guerra (como todas las guerras), es que los mismos muchachitos que estaban disfrutando de la barbacoa terminaron cojos y mancos, y tuertos, y muertos. Y el Sur de los Estados Unidos fue arrasado por sus propios hermanos. Por eso se llama “Lo que el viento se llevó“, por ahí no quedó nada, todos quedaron como iguales, las clases sociales no servían para nada, el dinero ya no tenía valor, las familias quedaron desmembradas, la tierra arrasada. El viento se lo llevó todo.

 

“El francotirador” cuenta la guerra en Irak desde los ojos de un soldado estadounidense que es considerado héroe, aunque Chris Kyle dice en algunos pasajes que no le interesaba ser condecorado con medallas, la idea que se vende es esa justamente, de héroe de guerra. Fue considerado uno de los francotiradores más letales por tener registradas más de 255 muertes. En varias ocasiones en el libro Chris habla de que fue un día bueno en base a las “bajas” que tuvo en esa incursión.

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Paralelo al relato hay unas acotaciones de la esposa, Taya Kyle, que cuenta la metamorfosis que va sufriendo su esposo y la relación matrimonial entre ellos y con sus hijos, cada vez que regresa de una batalla. Cuenta, por ejemplo, que él se volvió una persona más violenta y que en algún momento le perdió la confianza, que era una persona con la que no se sentía segura. Por otra parte, Chris Kyle relata que cada vez que regresaba a casa debía tomarse unos días sin salir para volver a estar a su propio ritmo y poder “funcionar” en la sociedad. Sin embargo, la balanza siempre se inclinó por el servicio militar y por esa razón terminaba aceptando nuevas misiones del ejército.

 

Quizá el daño más grande de la guerra, no sea tanto la cantidad de muertes en ambos bandos, como las secuelas que sufren los veteranos de guerra, las personas que supuestamente regresaron vivos. Un documental muy acertado, que se llama “Wartorn” (es el adjetivo en inglés para referirse cuando algo ha sido devastado por la guerra), de James Gandolfini (Tony Soprano) se adentra en las consecuencias de la guerra en la vida de varios veteranos que vuelven a casa y no logran “adaptarse” nuevamente porque sufren un desorden tipificado como Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), con imágenes muy crudas y explícitas de la guerra. El resultado es triste porque en la mayoría de los casos el final es devastador; un médico de guerra, por ejemplo, cuenta que cuando él se enlistó, pensó que lo que haría era ayudar a sus compañeros y que todo estaría bien, se enlistó sin ningún temor, pero que cuando empezó a recibir compañeros heridos o muertos fue cuando conoció verdaderamente el miedo, porque se dio cuenta que no había nada que él pudiera hacer para salvarlos y tuvo que ver muertes atroces, una tras otra. En otro caso, un excombatiente que vive con sus padres y hermanos se prepara para asistir al juicio que le siguen porque mató a un señor en un supermercado alegando que le resultó una amenaza en ese momento. Una madre relata que la persona que regresó de Irak no es su hijo, tiene otra mirada, otra forma de hablar y de comportarse, que pareciera que él empezó a morir de adentro hacia afuera, su hijo decide suicidarse para acabar con los fantasmas que le carcomen la vida, su madre dice que el ejército entrenó a su hijo y lo convirtió en un asesino para defender a la nación, pero que se olvidaron de “des-entrenarlo” para volver a ser una persona normal.
Ese es el verdadero precio de la guerra, el número de vidas que toma con la muerte o sin ella, seres humanos que deciden seguir una causa y venden su alma al peor de los compradores, aquel mercader que cobrará su paga uno a uno, sin importar cuán lejos se halle oculto.
En los últimos capítulos del libro Chris Kyle toma la decisión de dejar el ejército para invertir todas sus fuerzas en rehacer su vida junto a su esposa e hijos como una familia funcional, y lo logra. Funda una empresa de seguridad privada junto a uno de sus compañeros de batalla y empieza un programa con los veteranos que regresan de Irak y que sufrían Trastorno de Estrés Postraumático para ayudarlos a liberar el estrés y la presión de reintegrarse a la sociedad, de modo que hacen campamentos de caza y eso ayuda a los veteranos a sentirse bien recibidos y en familia con otros excombatientes.
Ese es el final del libro, un Chris Kyle catalogado como el francotirador más letal de la historia, en ese momento, con una familia funcional y con miles de proyectos con su nueva empresa.


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Sin embargo, la historia no acaba aquí. Luego de la publicación del libro se vendieron los derechos para la producción cinematográfica de la película dirigida por Clint Eastwood, pero paradójicamente sucede lo inesperado, el francotirador más letal, mejor preparado y con amplia experiencia es abatido por cinco disparos en su propia empresa de seguridad privada.
Un excombatiente que asistía a uno de sus programas para veteranos tuvo una crisis mientras viajaban al campo de tiro y lo mató a él y su compañero codueño de la empresa. El veterano sufría Trastorno de Estrés Postraumático y en la crisis se sintió acorralado por lo tanto decidió defenderse de la única manera que el ejército le hubo enseñado, matando.
EL libro recibió críticas muy fuertes por su enfoque bélico tan marcado y porque proyecta una imagen errónea de las intervenciones militares de Estados Unidos en los últimos años. EL costo económico y en vidas humanas ha sido muy alto y desde la intervención de Kuwait en 1991 no ha logrado neutralizar al enemigo. Por lo tanto, la política militar de Estados Unidos se ha convertido en la piedra en el zapato del gobierno en las últimas décadas.
No solamente las batallas de Faluya en Irak o la guerra de Kwait han sido devastadoras. Todas las guerras son la peor opción. Siempre que los humanos hacemos a un lado el diálogo y escogemos la guerra como única opción para resolver conflictos, estamos fallando como raza, además, estamos empeñando el futuro de nuestros hijos.

© Jorge Madrigal, 26 octubre 2017.

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