Nunca juzgues un libro por su precio, leer siempre es la mejor oferta.

Seguramente era agosto, y lo más probable es que lloviera bastante, como de costumbre en San José centro, recuerdo que esa tarde entré a la librería Universal y estuve viendo libros bastante rato. Curiosamente, esa vez había una fila de cajas con libros en descuento, sin orden y sin clasificación, era como si hubieran sacado por unos pocos días, los libros que estaban destinados al destierro eterno. Una nueva oportunidad que tenían los libros para encontrar a su lector.

En un rincón, escondido de la vista de los visitantes, encontré un ejemplar que me llamó poderosamente la atención porque era de los pocos libros que no tenía plástico, así que lo abrí, lo pude oler, pude sentir la textura de sus hojas, el tamaño de la letra. La portada era bastante anticuada para 1991, eso explicaba bien el porqué de estar en el cajón de las ofertas rebajadas, y su título: “La amenaza de Andrómeda”, al pie de la portada, con una tipografía binaria decía “Ciencia Ficción”, un género que yo conocía solamente por las películas y automáticamente encasillaba con robots, naves espaciales y aventuras que se desarrollan en el futuro, y un futuro muy lejano. “Bueno, seguramente Andrómeda es un planeta muy lejano que se encuentra amenazado” pensé.

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Portada original de la novela que yo compré, Ediciones Bruguera de España, publicado en marzo de 1985. Fotografía tomada de http://www.todocoleccion.net

Con esa expectativa decidí comprar un libro de un autor completamente desconocido para mí, y también por su precio de ganga: menos de mil colones, lo cual era muy barato en ese tiempo, sin duda sería una lectura que me podría acompañar los largos viajes en bus hacia mi casa. De repente y como una broma de los fantasmas que pueblan las librerías, me tropecé con un otro ejemplar de este mismo autor desconocido, con la misma tipografía binaria que me recordaba el género, “Ciencia Ficción” y con una portada igual de anticuada que titulaba: “El hombre terminal”. Así que sin pensarlo ni esperarlo me vi caminando hacia la caja con dos ejemplares del mismo autor; Michael Crichton.

Este autor era un completo desconocido para mí, con un nombre bastante difícil de leer en lengua española, una che antes de una te (en ese año el alfabeto español aún tenía la “ch” como una letra), Crichton. Cuando abrí “La amenaza de Andrómeda”, por primera vez para leerla, no podía imaginar que años después se convertiría en mi autor favorito y que devoraría sus libros uno a uno, hasta hoy. Realmente aquella tarde compré mucho más que dos libros a precio rebajadísimo.

Con los libros de Michael Crichton descubrí que puede existir una ciencia ficción mucho más crítica, que profundiza en temas cotidianos y que plantea tesis que nos hacen pensar más detenidamente acerca de la realidad. Si bien es cierto que las novelas de Michael Crichton son ficción, sus análisis profundos lo llevaron a convertirse en el padre del Tecno-thriller, un género que pretende ser amplio y minucioso en el relato y que generalmente nos hace dudar que estemos leyendo una novela de ficción.

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Portada original de la novela que yo compré, Ediciones Bruguera de España, publicado en marzo de 1985. Fotografías tomadas de http://www.todocoleccion.net

Precisamente aquella novela, La amenaza de Andrómeda, es considerada como la novela que da un inicio consolidado del género Tecno-thriller, ya que combina ciencia ficción y novela policiaca. Ya antes, en las décadas de los 1940 y 1950, otros autores habían hecho un acercamiento a un insipiente Tecno-thriller como Nigel Balchin, Harvey Wheeler y Peter George, entre otros.

La amenaza de Andrómeda, relata la crisis que atraviesan un grupo de científicos a cargo de un proyecto secreto de una División Militar Científico Espacial de Estados Unidos llamado “Wildfire”, que pretendía estudiar las posibles contaminaciones extraterrestres en las sondas espaciales que regresaran a la tierra y que pudieran infiltrarse en la atmósfera terrestre, para encontrar un antídoto adecuado a estas posibles infecciones.

El satélite “Scoop VII” pierde su órbita y aterriza en el desierto de Arizona, pero es trasladado al pueblo de Piedmont antes de que lleguen los agentes del proyecto “Wildfire” a recoger el satélite. Descubren que todos los habitantes del pueblo han muerto de una forma rápida y misteriosa.

Ante una pandemia biológica los científicos deben buscar la manera de bloquear el misterioso agente biológico que acabó con la población de Piedmont y que posiblemente acabe con toda la especie humana. La luz de esperanza se encuentra en las únicas dos víctimas que no han muerto; un anciano alcohólico y un niño de pocos meses de nacido. Encontrar la conexión entre estas dos personas es la clave para vencer la amenaza del incidente Andrómeda.

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Fotografía tomada de https://www.casadellibro.com

Lo más curioso de este libro es que fue publicado por primera vez en 1969, en la época en que Estados Unidos se mantenía en tensa calma por la guerra fría contra la Unión Soviética y el espionaje por medio de satélites era un tema latente.

Michael Crichton no solamente plantea la tesis de que el manejo de satélites se nos puede salir de las manos, sino que además es imposible controlar, sin importar los avances tecnológicos y los esfuerzos económicos, el concepto de “vida”.

Luego de leer por primera vez a este autor que me abrió la ventana de una narrativa fresca y de fácil digestión, en temas que tienden a ser más académicos que otra cosa, empecé a leer el siguiente libro que había comprado en oferta, con la clara convicción de que esta nueva novela, El hombre terminal, me atraparía desde un inicio. Y así fue, a tal punto que es una de las novelas que he leído varias veces y una de esas veces lo hice en un solo día.

El hombre Terminal es una analogía del control mental relatada de una forma muy inteligente por el autor. Un paciente de epilepsia, Harry Benson, tiene una psicosis acerca del posible dominio de las máquinas sobre la raza humana.

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Fotografía tomada de https://www.casadellibro.com

Las crisis epilépticas que sufre Benson son continuadas por desmayos y al despertar no recuerda que ha cometido crímenes violentos. Una de sus crisis lo lleva a cometer un ataque contra unas personas y los deja con lesiones graves, por este hecho es encarcelado y se convierte en candidato para una operación pionera de la medicina, se trata de implantar unos electrodos en su cerebro y una microcomputadora en su hombro la cual enviaría una señal a una computadora madre y de esta manera podría ser monitoreado para enviar impulsos eléctricos al cerebro de Benson y así, en teoría, mitigar las crisis epilépticas y acabar con la serie de crímenes violentos.

Durante las pruebas Benson descubre que puede manipular los electrodos implantados en su lóbulo temporal derecho, para recibir descargas de placer, lo cual conduce un incremento a sus crisis epilépticas.

Su psiquiatra, Janet Ross, se entera de los incrementos en las crisis de Benson, sin embargo, cuando van a su habitación para comprobar su estado, este se ha escapado. Benson tiene la convicción, ahora más que nunca, del dominio de las máquinas y está dispuesto a acabar de una vez por todas con la máquina que lo domina a él mismo.

Este planteamiento no es muy futurista si lo vemos desde una perspectiva actual. Sin embargo, El hombre terminal fue publicado en 1972, muchos años antes de que se pensara en conexiones inalámbricas, de hecho, la máquina a la que es conectado Benson, por frecuencia radial desde su hombro, es una computadora que abarca un piso entero en el hospital donde se le practicó la operación.

De hecho, a eso se debe el nombre de la novela. Con el implante de electrodos en su cerebro y una microcomputadora (del tamaño de una caja de fósforos) en su hombro, Benson se convierte en una terminal de computadora, Un hombre terminal.

Estas dos novelas que me encontré en un cajón de saldos, fueron adaptadas al cine y la televisión, en el caso de La amenaza de Andrómeda hay una película producida por Robert Wise de 1971 y una miniserie producida por Ridley Scott en 2008, ambas producciones no he tenido la oportunidad de verlas. Pero la película de El hombre terminal, producida en 1974, la he visto, o empezado de ver, muchas veces, solo que debe ser el doblaje de las voces que hace el diálogo y los “efectos de sonido” sean muy planos y todas las veces que la he empezado a ver me duerme. Es un ciclo que debo cerrar en algún momento y disfrutar la versión actuada de estas dos novelas.

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Michael Crichton, en 1994. Fotografía por Annie Lebowitz, tomada de http://www.michaelcrichton.com/

Michael Crichton dejó una prolífica producción literaria entre guiones para cine, novelas de no ficción, ensayos y novelas de tecno-thriller de las que muchas se convirtieron en “Best Sellers” y muchas fueron llevadas al cine todas con gran éxito, pero quizá la novela que lo catapultó fue Parque Jurásico, curiosamente una vez que fue llevada al cine.

Además de haber sido escritor, Michael Crichton fue médico, cineasta y productor de la serie de televisión ER, con la que ganó un Emmy. Michael Crichton murió en el 2008, luego de batallar con un cáncer, a los 66 años. Dejando un legado impresionante de novelas con un estilo único que confrontan la realidad planteando tesis acerca de la manipulación de la tecnología que, a la postre, se convierten en nuestro propio juicio. Luego de su muerte se han publicado 3 novelas póstumas, la última “Dragon Teeth” se publicó en este año 2017.

Me considero afortunado por haber conocido a Michael Crichton mucho antes de que Parque Jurásico lo catapultara a nivel mundial. En muchos libros Crichton hace referencia a Costa Rica, como en Parque Jurásico. Sin embargo, un pasaje muy interesante lo hace en la novela “Next”, donde un grupo de científicos visitan Costa Rica para ver el desove de las tortugas con las que han experimentado genéticamente.

Luego de ese accidentado encuentro con Michael Crichton en la librería y de conocer su obra y disfrutar sus novelas varias veces puedo decir, sin temor a equivocarme, que una de las mejores prácticas que podemos tener es la lectura. Solamente al leer un libro podremos saber si es bueno o no, porque las opiniones son muy personales y no deberían ser un juicio de valor para decidir leer o no, un libro. Debemos abrir un libro con el propósito de dejarnos llevar por su ritmo, por su historia, vivir los escenarios y las emociones que nos transmita; reír, llorar, dudar, pensar.

Leer es un privilegio y el mejor legado que podemos heredar a nuestros hijos es la costumbre de leer, cualquier género, cualquier título, a cualquier precio (mejor si es de oferta), en cualquier momento y en cualquier soporte, ya sea papel o digital, la lectura es una práctica que nos une como especie.

© Jorge Madrigal, 28 septiembre 2017.

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